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Los mexicas los llamaban tonatiuh qualo, “cuando el Sol es comido”, y creían que un monstruo celestial devoraba al astro rey.
ESPAÑA, MADRID, 12 de agosto de 2026.- Europa vivió el miércoles un espectáculo celeste que dejó sin aliento a millones de personas: un eclipse solar total poco usual que transformó la tarde en noche. Desde los confines del Ártico ruso hasta las islas mediterráneas de España, la emoción y el asombro se extendieron como una ola luminosa —o más bien, sombría— que recorrió el continente.
De acuerdo con la NASA, un eclipse solar total ocurre cuando el Sol, la Luna y la Tierra se alinean perfectamente. Quienes se encuentran en el centro de la sombra lunar ven el cielo oscurecerse como si fuera de noche y pueden observar la corona solar, esa atmósfera exterior del astro que normalmente permanece invisible.
Durante esos breves minutos de oscuridad, los observadores pueden quitarse las gafas protectoras, pues la Luna bloquea completamente la luz del Sol. Es un instante único en que la ciencia y la naturaleza se conjugan para ofrecer una visión majestuosa del universo.
Eclipses en el México antiguo
En el México prehispánico, los eclipses eran considerados eventos cósmicos de profundo significado religioso y social. Los mexicas los llamaban tonatiuh qualo, “cuando el Sol es comido”, y creían que un monstruo celestial devoraba al astro rey.
Los mexicas compartían una visión similar: una deidad mordía al Sol, símbolo de vida y poder.
Incluso la fundación de Tenochtitlan está ligada a un eclipse. Según la leyenda, al colocar la primera piedra, el cielo se oscureció y apareció un nopal con tunas rojas, interpretadas como corazones humanos.
De ahí surgió el emblema del águila sobre el nopal, símbolo solar que aún perdura en las monedas mexicanas.
Sabiduría maya y precisión astronómica
Los mayas, grandes observadores del cielo, utilizaban instrumentos similares al astrolabio árabe para medir la posición de los astros. Con una plomada y una mirilla, calculaban la altitud de las estrellas y podían determinar la hora y ubicación exactas.
Entre la ciencia y el mito
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